Xavier de Maistre (Grabado de Cyprien Jacquemin)

En 2006, con ocasión de la traducción al catalán de Voyage autour de ma chambre, Antoni Martí Monterde allega en su Introducción al autor —Xavier de Maistre— a las circunstancias vitales de Germaine de Staël para considerarlos reinventores del cosmopolitismo («reinventant el cosmopolitisme en la seva vida»), que redefinirían «en la seva escriptura més enllà dels estrets tòpics illustrats o sense llustre» (10). Diez años más tarde, en su columna habitual en El País, en esta ocasión bajo el título de «Provincianos y cosmopolitas», Rafael Argullol califica a de Maistre, en virtud de esta misma obra, de «verdadero cosmopolita, un ciudadano del mundo en el sentido literal, a pesar de que está recluido entre cuatro paredes».

Debo reconocer que me ha resultado difícil comprender por qué de Maistre es una figura paradigmática del cosmopolitismo para Martí Monterde y Argullol, una dificultad a la que no es ajena el problema clave de qué significa «cosmopolitismo» o, más exactamente, «ser cosmopolita», ya que ambos hacen depender esta condición de la biografía del autor en cuestión. Hijo del presidente del Senado de Savoya, en cuyo ducado nació en 1763, Xavier de Maistre fue pintor, militar y escritor de expresión francesa, cuyas obras completas ocupan un lugar menor en la historia de la literatura, tanto literalmente (apenas unas doscientas páginas en el elegante volumen de 1825) como en términos propios de la economía literaria, un escritor modeste al decir de Anatole France. Y es que la biografía resulta un criterio de dudosa eficacia. «Els de Maistre viuen una successió d’exilis», afirma Martí Monterde (9-10), «espoliacions, desterraments, retorns i nous exilis…». A pesar de que estas experiencias no son ajenas en la actualidad, por ejemplo, a los refugiados sirios, dudo de que alguien los haya calificado de cosmopolitas. Para Argullol la figura opuesta al cosmopolita es el provinciano global, quien «aspira a hablar un solo idioma, lo más utilitario posible», una experiencia que, paradójicamente, no es del todo ajena a de Maistre, quien prosiguió viviendo en «un idioma avasalladoramente hegemónico» al decir del propio Argullol —el francés— en la Europa a caballo entre los siglos XVIII y XIX, también en su período ruso al servicio del zar Alejandro I. Como nos recuerda Thomas Mann, multilingüismo no tiene por qué significar cosmopolitismo.

Los grandes viajeros de la época, también considerados ejemplos de cosmopolitismo, comparecen en las páginas de Voyage autour de ma chambre. Así, por ejemplo, se mencionan «los viajes de Cook» (De Maistre 91), obviamente el «filósofo cosmopolita» James Cook, y no Thomas Cook, fundador del turismo de masas y antítesis de ese «personaje en extinción», en palabras de Argullol, que es el cosmopolita. Y, sin embargo, de Maistre afirma que los viajes de Cook alrededor del mundo «no son nada en comparación con mis aventuras sólo en ese distrito único» (De Maistre 91). En efecto, el Voyage autour de ma chambre relata el viaje del protagonista alrededor de su dormitorio en Turín durante cuarenta y dos días, que determinan la organización de la obra en idéntico número de capítulos. En Turín, subrayo, y no en París, como afirma Michael Cronin (143), en su cabine militar de la ciudadela, un arresto domiciliario como consecuencia de haber infringido la prohibición de participar en duelos, y no una convalecencia por enfermedad como afirma Argullol.

Dada la tendencia a asociar el cosmopolitismo con ciertas circunstancias biográficas, los errores sobre estas resultan llamativos desde dos puntos de vista. Por una parte, se trata de un texto breve, como exigua es la habitación de de Maistre, lo que debería dificultar este tipo de confusiones. Por otra parte, de Maistre (17) es googleniamente explícito sobre su localización: «Mi habitación está situada a cuarenta y cinco grados de latitud, según las medidas del padre Beccaria; su dirección es de levante a poniente, formando un largo cuadrado de treinta y seis pies de lado, que roza la muralla». En otras palabras, 210 años antes del lanzamiento de Google Earth, de Maistre llama la atención sobre un mundo progresivamente comprimido (en el sentido de la compresión espacio-temporal) y achatado, fenómenos exacerbados hoy día por la globalización, mediante un antepasado de las contemporáneas tecnologías de representación espacial a escala mundial, el Gradus Taurinensis, en el que Giovanni Battista Beccaria atribuyó a la porción del meridiano terrestre que pasa por Piamonte —el meridiano de Turín— una longitud de 112,06km, con el que se pretendía calcular la circunferencia ecuatorial y el achatamiento polar.

Turín: Obelisco erigido en 1808 en conmemoración del cálculo trigonométrico de Beccaria

La vivienda propia es aquí no el punto de partida del viajero cosmopolita, sino el destino de de Maistre, un espacio de 72 pies2 que atravesará «a menudo a lo largo y ancho, o bien en diagonal, sin seguir ni regla ni método alguno». Y añade: «Incluso haré zigzags y recorreré todas las líneas posibles en geometría si la necesidad así lo exige» (De Maistre 2011: 17). No se trata, pues, de una exploración de un mundo lejano, exótico à la Cook, sino de una exploración en profundidad de un mundo próximo, supuestamente conocido, la «habitación propia», con sus resonancias posteriores para la creación literaria. Las jornadas son brevísimas, los desplazamientos, mínimos, pero tiempo y espacio se expanden indefinidamente a voluntad del viajero:

cuando viajo por mi habitación, rara vez recorro una línea recta; voy de mi mesa hacia un cuadro que está colocado en un rincón, de allí parto oblicuamente para ir a la puerta; pero aunque al partir mi intención sea dirigirme allí, si me encuentro en el camino con mi butaca, no me lo pienso, y me acomodo de inmediato. (De Maistre 17-18)

he aquí el vasto campo por donde paseo a lo largo y ancho, y con toda tranquilidad, pues carezco por igual de tiempo y de espacio. (De Maistre 87)

Ilustración que encabeza el Capítulo 1 de la traducción inglesa de «Voyage autour de ma chambre» (© Longmans, Green, Reader, and Dyer, 1871)

En Secrets de voyage: menteurs, imposteurs et autres voyageurs immédiats el antropólogo especialista en turismo Jean-Didier Urbain diferencia entre «viaje exótico» y «viaje endótico». El viaje exótico hace referencia a nuestra concepción más común acerca del viaje, un desplazamiento hacia un lugar distante tras el abandono de la rutina del lugar cotidiano, un tránsito de lo aquí-conocido a lo allí-desconocido, de la seguridad del nosotros a la perturbación de los otros en la que se asienta las concepciones ilustrada y victoriana del cosmopolitismo en cuanto «reflective distance from one’s original or primary cultural affiliations, a broad understanding of other cultures and customs, and a belief in universal humanity» (Anderson 63). Precisamente es esta experiencia viajera la que Argullol (2016) identifica con el cosmopolita, un «amante de la diferencia, ansioso siempre de explorar lo múltiple y lo desconocido para volver a casa, si es que vuelve, con el bagaje de los sucesivos saberes que ha adquirido». El viaje endótico, por su parte, refiere una experiencia viajera menos común, permanecer en el aquí de lo cotidiano para volverlo extraño, para desentrañar lo aún por conocer de una supuesta familiaridad. No es esta una experiencia que haya sido asociada al cosmopolitismo. De ahí, nuevamente, mi dificultad para comprender la condición paradigmática de de Maistre en términos de Martí Monterde y Argullol.

Según Michael Cronin, el viaje endótico de de Maistre inicia una tradición de la que participan más recientemente Marc Augé con La Traversée du Luxembourg, que cuestiona la línea divisoria entre el allí (África) y el aquí (París) de la labor antropológica, o François Maspero con Les Passagers du Roissy Express, libro en el que se documenta el viaje en tren entre Roissy-Charles de Gaulle y el centro de París, con una duración habitual de cuarenta y cinco minutos, aquí «extendida» hasta dos meses. La macro-modernidad en la que vivimos inmersos en los últimos doscientos años, producto de estructuras que hacen efectiva la compresión espacio-temporal, puede cuestionarse, defiende Cronin (140), desde una micro-modernidad que haga de lo local no el punto de llegada, sino el punto de partida. Este sería el gesto inaugurado por de Maistre.

Si la micro-modernidad es una herramienta de apertura y expansión de la macro-modernidad en «zigzag y [en] todas las líneas posibles en geometría», para decirlo con palabras de de Maistre, el Voyage autour de ma chambre puede leerse como la réplica micro-moderna al relato macro-moderno del Prospectus de l’expérience aérostatique de Chambéry de los dos hermanos de Maistre, Xavier y Joseph-Marie en colaboración con aquel, en el que el viaje en globo se defiende por hacer posible «voyager à travers une région inconnue aux générations passées» (Prospectus 6). El Prospectus, con su tecnología de viaje exótico, sería pues el relato que más tradicionalmente se asociaría con una actitud cosmopolita. ¿Qué hacer, en consecuencia, con el Voyage y su tecnología de viaje endótico? Desde luego, sería contradictorio asociarlo con una actitud cosmopolita en pie de igualdad con la del Prospectus. En este sentido, habrá que concluir que o Martí Monterde y Argullol han caído en esta contradicción o, de no haberlo hecho, se impone identificar una variante de cosmopolitismo acorde con el Voyage. Y esa variante, como la idea de un voyage autour de ma chambre, no puede ser más que un oxímoron.

 

En 2006 Pnina Werbner identifica ese oxímoron como nuevo centro de los debates actuales en torno al cosmopolitismo. Se trata del «cosmopolitismo vernáculo», un concepto acuñado originalmente por Homi Bhabha y aplicado por Stuart Hall, que, en su extraña conjunción, lleva a preguntarse si «the local, parochial, rooted, culturally specific and demotic may co-exist with the translocal, transnational, transcendent, elitist, enlightened, universalist and modernist» (Werbner 496). En mi opinión, el cosmopolitismo vernáculo es el «descubrimiento» (De Maistre 11) hecho por de Maistre con ocasión de su arresto domiciliario durante cuarenta y dos días desde la vigilia del carnaval de 1794, un descubrimiento que consiste en «la inmensidad y la eternidad» de «un punto» (112). Ese descubrimiento se halla intrínsecamente ligado a un Otro doble, que acaba por ser uno. Por un lado, el Otro al que le está negada la experiencia elitista, transnacional, universalista y a quien se le ofrece el viaje endótico como «recurso asegurado contra el aburrimiento y un alivio a los males» (11). De ahí que el Voyage arranque invocando a «los desgraciados, los enfermos y los hastiados del universo» pues es un viaje que «no […] ha costado nada» (De Maistre 13). No se trata de un Otro lejano, exótico, sino de un Otro que habita la misma ciudad en la que se halla la cabine de de Maistre, un Turín en el que «donde todo respira opulencia, durante las noches más frías del invierno, una multitud de desgraciados duermen a la intemperie, la cabeza apoyada en un mojón o en el umbral de un palacio» (De Maistre 71). Por otro lado, el Otro que forma parte de uno mismo. De Maistre concluye su Voyage con el descubrimiento de nunca haber sentido «más claramente que soy doble» (De Maistre 113). No se invoca aquí un dualismo cartesiano alma/cuerpo, sino una teoría propia, la «teoría del alma y de la bestia» (De Maistre 21), bestia a la que también se llama «la otra» (De Maistre 22).

Sé por un viejo profesor (y es de mis recuerdos más antiguos), que Platón llamaba a la materia la otra. Está muy bien, pero me gustaría dar ese nombre por excelencia a la bestia que está unida a nuestra alma. Es realmente esa substancia la que es la otra, y la que nos molesta de una manera tan extraña. Se percibe a simple vista que el hombre es doble; pero eso se debe, según dicen, a que está compuesto de un alma y de un cuerpo; y se acusa a ese cuerpo de no sé cuántas cosas, pero seguramente sin razón, ya que es tan incapaz de sentir como de pensar. Es a la bestia a quien hay que echarle la culpa, a ese ser sensible, perfectamente distinto del alma, verdadero individuo que tiene su existencia independiente, sus gustos, sus inclinaciones, su voluntad (De Maistre 22)

El viaje endótico de de Maistre se materializa así en el encuentro constante con el Otro, sean los «desdichados» (De Maistre 71), sean el sirviente Joanetti o la perra Rosine, auténticos precedentes del Otro cosmopolita de James Clifford (sirvientes, guías, trabajadores emigrantes), sea la «bestia» que el Otro nos hace redescubrir: «No, no, quédate, Joanetti, pobre muchacho: y tú también, mi Rosine; tú que adivinas mis penas y que las suavizas con tus caricias, ven, mi Rosine, ven» (De Maistre 77).

Con su Voyage autour de ma chambre Xavier de Maistre se nos presenta como un ejemplo de cosmopolitismo, sí, aunque no en su sentido transnacional, elitista y universalista, sino como ejemplo de un cosmopolitismo vernáculo en el que el viaje endótico no tiene por objetivo exclusivo parodiar el viaje exótico. Se trata también de abrirlo, profundizarlo, descentrarlo para hallar la mismidad en el Otro y lo extraño en el Yo. Se trata, en otras palabras, de reconocer la pluralidad de prácticas cosmopolitas en cohabitación, sus historicidades y sus distintas visiones de mundo.

 

Obras citadas

Anderson, Amanda. The Powers of Distance. Cosmopolitanism and the Cultivation of Detachment. Princeton: Princeton UP, 2001.

Argullol, Rafael. «Provincianos y cosmopolitas». El País, 2 de enero de 2016.

Cronin, Michael. «The Advent of Micro-Modernity». The Irish Journal of French Studies 9 (2009): 137-155.

De Maistre, Xavier. Viaje alrededor de mi habitación. Trad. Puerto Anadón. 2ª ed. Madrid: Funambulista, 2011.

Martí Monterde, Antoni. «Introducció». Xavier de Maistre, Viatge al voltant de la meua cambra. Trads. Salvador Company y Anna Torcal. València: Publicacions Universitat de València, 2006.

Prospectus de l’expérience aérostatique de Chambéry. Chambéry: F. Puthod, 1784.

Urbain, Jean-Didier. Secrets de voyage: menteurs, imposteurs et autres voyageurs immédiats. París: Payot, 1998.

Werbner, Pnina. «Vernacular Cosmopolitanism». Theory, Culture & Society 23.2-3 (2006): 496-498.